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La ciberadicción, también conocida como trastorno de adicción a internet (IAD, por sus siglas en inglés) es un término que se refiere a una patología que supone un uso abusivo de internet, a través de diversos dispositivos, que interfiere con la vida diaria.

La adicción a internet suele darse con mayor prevalencia en la población adolescente actual y puede definirse como “la pérdida del control frente al uso racional de internet”. Como profesionales de la salud podemos saber si alguien es ciberadicto cuando hace uso de internet en forma excesiva y no piensa en nada más que en eso. Está comprobado que esto tiene múltiples consecuencias para la persona; entre ellas, que desatienda los deberes y responsabilidades de su vida casi por completo. Hoy en día nos conectamos a internet desde cualquier lugar, ya sea desde celulares, tablets o computadoras. Nuestra vida sin ellos sería totalmente diferente pero, ¿qué pasaría si empezáramos a utilizar las nuevas tecnologías como un fin en vez de como un medio? ¿Somos conscientes del tiempo que pasamos delante de algunos de estos aparatos?

Las causas de la ciberadicción: según Boronat (2008), internet facilita cubrir o compensar un déficit en la personalidad del adicto; es un instrumento de comunicación interpersonal. El mundo virtual puede considerarse una vía de escape del mundo real para los adolescentes o para personas que tienen problemas en las habilidades sociales, por ejemplo,  y en algunos casos llega a convertirse en un sustituto de la vida real. Se puede decir que las redes cubren dos tipos de necesidades básicas en los adolescentes: 1) conseguir que puedan sentirse bien y acompañados a través de juegos, imágenes e información, sin tener la necesidad de comunicarse con otras personas y 2) la búsqueda de interacción social.

Hay personas que tienden a sufrir este tipo de adicción ya que padecen de depresión o, por el contrario, se sienten atraídas por el mundo virtual y la gran variedad de posibilidades que brinda, como pueden ser el anonimato o ejercer roles opuestos a la vida cotidiana. En otras personas que buscan alguna relación, las redes les permiten entablarlas con más facilidad.

Como mencionamos anteriormente, la ciberadicción es más común en la adolescencia, etapa en la que internet hoy por hoy es uno de los principales medios de socialización. Según un estudio realizado por la Fundación Pfizer, el 98% de los jóvenes de 11 a 20 años es usuario de Internet. Y de este porcentaje, 7 de cada 10 afirman acceder a la red por un tiempo diario de 1,5 horas. Es por esto que los adolescentes, dado que suelen conectarse más a internet, constituyen un grupo de mayor riesgo.

Signos: La vida de un ciberadicto es afectada totalmente, convirtiéndose en un problema para él y para las personas de su entorno. En toda adicción siempre existen tres elementos: una persona, unas circunstancias personales determinadas y una sustancia o situación que produzca placer. Que una persona pase muchas horas conectadas a internet no quiere decir que tenga adicción, tenemos que conocer las circunstancias personales y el motivo por el que está tantas horas frente a la computadora.

Entonces, ¿cuándo podemos considerar que una persona tiene una adicción a internet? ¿Cuáles son los signos de alarma? Según Young, los signos de alarma son:

  • Estar conectado a la red todo el día, privándose así de horas de descanso.
  • No prestar atención normal y adecuada a temas importantes o a otras actividades como suelen ser el contacto con la familia o amigos.
  • No dejar de pensar en la red aun sin estar conectado a la red.
  • Bajar el rendimiento en los estudios.
  • No querer relacionarse con otras personas o mostrarse irritable.
  • Sentirse excesivamente eufórico cuando se está delante de la computadora.

Además de los anteriores, también puede haber signos físicos que muestren que una persona tiene ciberadicción:

  • Síndrome del túnel carpiano
  • Migrañas
  • Ojos secos
  • Trastornos alimentarios
  • Alteraciones del sueño
  • Dificultades para mantener la higiene personal, entre otros.

Consejos prácticos para padres y educadores: Debemos tener presente que, en la mayoría de las situaciones, los adolescentes tienen acceso a varios dispositivos electrónicos, como teléfonos, tablets y computadoras. Es aconsejable que esta última no esté en el cuarto del adolescente, sino que, por el contrario, esté en un sitio que la familia frecuente, como el living o el comedor. Además, es recomendable que el adolescente no pase mucho tiempo jugando solo con la computadora. Su uso no debe prohibirse, pero sí restringirse, pautando horarios en los que será posible su uso y siendo estrictos al momento de hacerles dejar la conexión al mundo virtual. Además, los padres deben estar al día de todo lo relacionado con las nuevas tecnologías e internet. Conocer los juegos que existen y con los que sus hijos juegan es importante para saber si son adecuados para ellos o no.

Fuente:

  • Artículo escrito por Prof. Lic. Carolina Carbonella y publicado en Revista Colegio.

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Los cambios que sufren los adolescentes pueden ser causas de estrés o angustia y desencadenar enfermedades mentales. Cambios en el cuerpo, el ingreso a la universidad o al mundo laboral, la sensación de sentirse incomprendidos, las crisis personales o familiares y las situaciones de vulnerabilidad, entre otras, vuelven a los jóvenes más propensos a las enfermedades mentales.

De acuerdo con un informe publicado por la Organización Mundial de la Salud, la mitad de las enfermedades mentales comienzan antes de los 14 años, pero la mayoría de los casos ni se detectan ni se tratan. La depresión ocupa el tercer lugar en enfermedades del grupo adolescente y el suicidio, una de sus posibles consecuencias, es la segunda causa de muerte entre las personas de 15 a  29 años. El uso nocivo del alcohol y de drogas ilícitas, así como los trastornos alimentarios son otros de los problemas que suelen atravesar los adolescentes en cualquier lugar del mundo.

Para evitar el empeoramiento de estos cuadros es muy importante reconocer y tratar la patología desde edades tempranas para ayudar a crear resiliencia mental y hacer frente a los retos que plantea el mundo actual. Cada vez son más numerosas las pruebas de que la promoción y la protección de la salud del adolescente es beneficiosa no solo para la salud a corto y a largo plazo, sino también para la economía y la sociedad, pues adultos jóvenes sanos podrán contribuir mejor a la fuerza laboral, a sus familias y comunidades, y a la sociedad en su conjunto.

Un desarrollo sano durante la infancia y la adolescencia, mejorar las habilidades sociales, la capacidad para resolver problemas y la autoconfianza pueden ayudar a prevenir algunos problemas de salud mental, como los trastornos de la conducta, la ansiedad, la depresión y los trastornos alimentarios, además de otros comportamientos de riesgo relacionados, por ejemplo, con las conductas sexuales, el abuso de sustancias o los comportamientos violentos.

Conocer y entender los signos y síntomas precoces que alertan de una enfermedad mental es prevenir. Los padres y los docentes pueden contribuir a crear en los niños y adolescentes aptitudes que les ayuden a hacer frente a los retos que se encontrarán cada día en casa, en el colegio o en la calle.

Fuentes:

  • Federación Mundial de la Salud Mental (WFMH)
  • Organización Mundial de la Salud (OMS)

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Las mordeduras de animales son, lamentablemente, muy comunes. Pueden morder porque se sienten amenazados, porque están protegiendo su cría o territorio o porque están enfermos. La gran mayoría de las mordeduras son producidas por perros y en menor medida por gatos y roedores.

Aproximadamente un 10% de las heridas por mordeduras con atención médica requieren suturas y controles posteriores y un mínimo porcentaje necesita internación. En todos los casos, siempre es indispensable controlar que la herida no se infecte, algo habitual debido a los microorganismos propios de la flora de la piel de la víctima y la cavidad oral animal. No es raro que las infecciones sean polimicrobianas.

La mayoría de las mordeduras de animales se dan en niños de entre 5 y 9 años de edad y sobre todo durante los meses de verano. En alrededor de la mitad de casos, la agresión es  principalmente en las manos y brazos, aunque en los niños más pequeños, debido a su menor altura, es en la cabeza, cuello y cara. Muchas mordeduras son ocasionadas por animales conocidos por el niño (su mascota, la de algún vecino o familiar) más que por animales salvajes o desconocidos.

La mordedura de un perro es raramente letal si no afecta a grandes vasos, tórax o penetra en órganos vitales.También las mordeduras de gatos por su carácter punzante pueden alcanzar alguna articulación. Es importante buscar signos de infección más profundamente del lugar de inoculación en las heridas punzantes de los gatos. En niños con inmunodepresión, las mordeduras aparentemente insignificantes pueden causar una grave infección.

¿Qué hacer ante una mordedura?

Lavar la zona herida con agua y jabón. Comprimir con un paño limpio para cortar la hemorragia. Aplicar Pervinox o similar para reducir riesgo de infecciones y cubrir con una gasa o apósito.

Si pasados los 15 minutos, el sangrado no se detiene, es necesario llamar a un médico. Lo mismo si hay sospecha de una herida profunda o si la mordedura fue en la cara, el cuello o la cabeza.

Si desconoce el origen del animal o si cree que hay riesgo de transmisión de rabia, se recomienda lavar con abundante agua jabonosa y llamar a un médico que determine si es necesario iniciar profilaxis.

Precauciones para evitar mordeduras

  • Los niños pequeños no deben quedarse solos con una mascota, aunque sea de la familia.
  • Enséñeles a los niños a no acercarse a animales extraños porque nunca se sabe cómo podrían reaccionar
  • Si ve animales peleando, no intente separarlos
  • No moleste a los animales solos mientras comen.
  • Si tiene un perro, llévelo siempre con correa, aunque sea dócil.

Fuentes:

  • Recomendaciones para el manejo de mordeduras ocasionadas por animales. Leonor Jofré, Cecilia Perret, Katia Abarca, Verónica Solari, Roberto Olivares y Javier López, en representación del Comité de Infecciones Emergentes, Sociedad Chilena de Infectología.
  • Infecciones por mordeduras. F. Álvez González. Servicio de Pediatría. Hospital Clínico Universitario. Santiago de Compostela.

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A raíz de los casos de enfermedad invasiva por la bacteria Streptococcus pyogenes diagnosticados en los últimos días y que ya han ocasionado el fallecimiento de 6 personas, la Secretaría de Salud de la Nación recomienda fortalecer la vigilancia y el tratamiento precoz de las infecciones invasivas bacterianas.

Además, aclara que este tipo de eventos pueden darse con mayor frecuencia en esta época del año y sugiere consultar a un médico si se dan los siguientes síntomas:

  • Fiebre alta
  • Dolor agudo de garganta o faringitis
  • Lesiones en la piel

Por el momento, la única forma de prevenir el contagio de esta bacteria, que se transmite de persona a persona, es lavándose frecuentemente las manos con agua y jabón y cubriéndose la boca con el lado interno del codo al toser o estornudar.

Las infecciones por la bacteria Streptococcus pyogenes son habituales en la población infantil (aunque pueden ocurrir en otras edades) y se presentan con mayor frecuencia hacia finales del invierno y principios de la primavera. Si bien es un evento notificable, es importante conocer situaciones como las ocurridas de manera tal de poder profundizar las investigaciones epidemiológicas por parte de las jurisdicciones”, explicó Patricia Angeleri, Directora Nacional de Epidemiología y Análisis de la Situación de Salud de la Secretaría de Salud de la Nación.

 

La situación epidemiológica y nuevas recomendaciones se actualizarán a medida que avance la investigación de los casos por la jurisdicción.

 


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El Mal de Chagas es una enfermedad de origen rural y potencialmente mortal, que se encuentra en al menos 21 zonas endémicas de América Latina. Es causada por un parásito, el Tripanosoma cruzi y se contrae, principalmente, a través de la picadura de una vinchuca o por consumo de alimentos contaminados con heces u orina de este insecto. La infección también puede producirse por transfusiones de sangre, donación de órganos o de forma congénita. De acuerdo con un informe reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la transmisión de una madre a su hijo es hoy la principal fuente de contagio.

Se calcula que en el mundo hay unas 6 a 7 millones de personas padecen esta enfermedad que, detectada en sus etapas iniciales, es curable en casi el 100% de los casos. A medida que la enfermedad avanza, la efectividad de los tratamientos va disminuyendo. Es por eso que desde el Ministerio de Salud de la Nación hacen hincapié en la importancia del diagnóstico precoz en embarazadas y el tratamiento de los recién nacidos.

La enfermedad de Chagas tiene dos fases claramente diferenciadas: La fase aguda se extiende durante unos dos meses después de contraída la infección. En esta etapa circulan una gran cantidad de parásitos por la sangre, pero los síntomas son leves e inespecíficos. Un signo inicial característico para detectar la enfermedad podría ser una lesión en la piel o la hinchazón amoratada de un párpado. Otros síntomas son fiebre, dolor de cabeza, agrandamiento de ganglios linfáticos, palidez, dolores musculares, dificultad para respirar, hinchazón y dolor abdominal o torácico.

La siguiente fase es la fase crónica, que se da cuando los parásitos permanecen ocultos principalmente en el músculo cardiaco y digestivo. Hasta un 30% de los pacientes sufren trastornos cardíacos y hasta un 10% presentan alteraciones digestivas, neurológicas o mixtas. Con el paso de los años, la infección puede causar muerte súbita por arritmias cardiacas o insuficiencia cardíaca progresiva.

No hay vacuna para el Mal de Chagas, por eso es fundamental la prevención y detección temprana de la enfermedad para tener acceso a un tratamiento más eficaz. Es que debido al  gran número de animales silvestres que sirven de reservorio a este parásito en las Américas, no puede erradicarse.

Medidas de prevención:

  • Mantener la casa limpia, ordenada y desinfectada.
  • Colocar mosquiteros
  • Tapar o rellenar grietas o agujeros en las paredes y techos
  • Mantener buenas prácticas higiénicas en la preparación, el transporte, el almacenamiento y el consumo de los alimentos.

Fuente: OMS


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La tuberculosis es una enfermedad producida por el bacilo de Koch, que se contagia comúnmente por la vía respiratoria cuando una persona enferma tose o estornuda y otra persona inhala el bacilo. La tos y los estornudos, el contacto íntimo y prolongado, el hacinamiento y la falta de ventilación e higiene de la vivienda aumentan los riesgos de contagio.

Los síntomas habituales son: tos persistente (puede ser con sangre), dolor en el tórax, debilidad o cansancio, falta de apetito, pérdida de peso, fiebre, escalofrío, sudoración nocturna. Muchas de las personas infectadas no presentan síntomas, lo que facilita la propagación de la enfermedad. En la mayoría de los casos, después de un período de incubación de 4 a 12 semanas, la infección cursa en forma asintomática o con síntomas inespecíficos, como fiebre, malestar general y tos, que ceden sin tratamiento puntual. Posteriormente permanece en forma latente y el riesgo de que se reactive en algún momento de la vida es de un 10% a un 20%.

Si bien en los adultos es más frecuente y se asocia, generalmente, a reactivación de la infección con compromiso pulmonar, los niños tienen mayor riesgo de desarrollar infecciones graves y diseminadas. Ser menor de 5 años, estar malnutrido, convivir con un adulto con tuberculosis activa o con alto riesgo de contraerla,  estar infectado con VIH u otra enfermedad que debilite el sistema inmunológico, son factores que se asocian con mayor riesgo de desarrollar enfermedad.

Los niños que viajan a un país donde la tuberculosis es endémica y tengan contacto prolongado con personas que viven allí; los niños que viven en refugios o con alguien que haya estado en la cárcel, también corren mayores riesgos de enfermarse. Lo más común es que los niños se infecten por un adulto infectado. No es habitual que un chico con tuberculosis contagie, ya que suelen tener muy pocas bacterias en su mucosidad y su tos es relativamente ineficaz.

¿Qué pasa en Argentina?

En los últimos años aumentó el número de casos de tuberculosis en nuestro país y en el mundo. Solo en Argentina, dos años atrás se notificaron 11.560 casos nuevos y se incrementó la mortalidad, que fue 5% mayor que en el 2015. Actualmente, es la novena causa de muerte a nivel mundial y la primera por enfermedades infecciosas.

La BCG es la única vacuna disponible para el control de la Tuberculosis, por lo que vacunar a los recién nacidos es un derecho y una responsabilidad de toda la comunidad. La vacuna BCG es parte del Calendario Nacional de Vacunación y se aplica a los bebés recién nacidos antes de ser dados de alta, para protegerlos de las formas graves de tuberculosis, como meningitis.

A  pesar de muchos logros y avances, la tuberculosis continúa siendo un problema importante de la Salud pública en todo el mundo, especialmente en algunos lugares de a América Latina, debido a que es una infección asociada directamente a la situación socioeconómica, favorecida por las migraciones, con un incremento de poblaciones en situación marginal.

Es importante destacar que la tuberculosis tiene tratamiento; este  dependerá de la fase en que se diagnostique la enfermedad. ¿Cómo se diagnostica? El diagnóstico de la infección se hace con la prueba de la tuberculina, que consiste en inyectar una pequeña cantidad de tuberculina en la piel del antebrazo y medir el resultado a los 3 días.

Los niños que están en riesgo de contraer tuberculosis deben hacerse una prueba cutánea de tuberculina. Esta prueba se realiza en el consultorio del pediatra.

Asesoraron: Dras. Deborah Berenstein y Eliana Anteliz García

Fuentes:

  • Ministerio de Salud de la Nación
  • “Actualización en Inmunizaciones a distancia 2018”, Hospital de Niños Ricardo Guitérrez
  • Vacuna BCG, Dra. Miriam E. Bruno, Htal. Carlos G. Durand

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Del 1 al 7 de agosto se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna, que promueve la lactancia materna o natural y su importancia para mejorar la salud de los bebés.

De acuerdo con un informe publicado por UNICEF y la Organización Mundial de la Salud (OMS), los recién nacidos que toman leche materna en su primera hora de vida tienen muchas más posibilidades de sobrevivir y registran menos problemas de salud a lo largo de su vida.

La OMS recomienda la lactancia como alimentación exclusiva durante los 6 primeros meses de vida, dado que es el mejor modo de proporcionar al recién nacido los nutrientes que necesita. Después de los 6 meses, la recomendación es continuar con la lactancia materna hasta los 2 años, complementada con los alimentos indicados por el pediatra.

¿Cuáles son los beneficios que aporta la leche materna? La leche materna contiene más de 370 componentes específicos que inmunizan a los niños de diversas enfermedades y aporta todos los nutrientes que necesitan para un crecimiento y desarrollo saludables en los niveles psicológico, hormonal, nutricional e inmunológico. Todo esto protege al niño de  enfermedades como catarro, bronquiolitis, neumonía, otitis, infecciones de orina, entre otras. Además, reduce la predisposición a enfermedades respiratorias, previene alergias y favorece el correcto desarrollo de la mandíbula, los dientes y el habla.

En definitiva, la lactancia materna es una de las formas más eficaces de asegurar la salud y la supervivencia de los niños.  A todos estos beneficios, se suma que es un hábito que facilita el vínculo entre el bebé y su mamá, lo que le brinda seguridad, lo reconforta y favorece su autoestima.

Según la OMS, si prácticamente todos los niños fueran amamantados, cada año se salvarían unas 820 000 vidas infantiles.

5 verdades sobre la lactancia materna

  1. En los primeros 6 meses de vida, la lactancia materna o natural es fundamental para lograr un crecimiento, desarrollo y salud óptimos.
  2. Protege a los niños contra las enfermedades frecuentes de la infancia, como la diarrea o lo neumonía.
  3. También es beneficiosa para las madres: reduce los riesgos de cáncer de mama y de ovario, de diabetes tipo 2 y de depresión post parto.
  4. Aporta beneficios a largo plazo para los niños: los adolescentes y adultos que fueron amamantados son menos propensos a enfermarse de diabetes tipo 2 y a padecer sobrepeso u obesidad.
  5. Las leches artificiales no contienen los anticuerpos presentes en la leche materna

Fuente: OMS


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Según muchos estudios psicológicos, la adolescencia es una de las etapas más estresantes en la vida de los individuos.  Esto se debe a que la transición de la infancia a la adultez puede ser bastante complicada. Sobre todo porque los jóvenes e mpiezan a vivir situaciones propias de una persona mayor, sin tener todavía los recursos necesarios para superarlas con éxito.

De acuerdo con el estudio de un grupo de científicos de la Universidad de Michigan Ann Arbor, una tercera parte de los adolescentes experimentan un estrés motivado por “las enormes expectativas de sus padres y la sociedad” y dos tercios experimentan síntomas de estrés al menos una vez a la semana. Es muy importante saber reconocer los síntomas de estrés en los hijos adolescentes a tiempo, para que no se convierta en un problema mayor.  Convivir y gestionar el estrés forma parte de la vida de cualquier adulto, pero un adolescente que todavía carece de la capacidad de vencer su estrés corre el riesgo de sufrir depresión, ansiedad u otro trastorno o de intentar paliarlo con métodos peligroso como las drogas o el alcohol.

 

Motivos de estrés en los adolescentes

Por muy seguros de sí mismos que aparenten ser, los adolescentes se mueven muchas veces en un mar de dudas e inseguridades. Las exigencias y fracasos académicos, los pensamientos negativos sobre ellos mismos, los cambios en su cuerpo, problemas con compañeros de colegio, problemas de pareja de sus padres, la muerte de un ser querido o de una mascota, una mudanza o cambio de escuela, la realización de demasiadas actividades, problemas económicos en la familia, pueden ser algunos de los factores desencadenantes del estrés.

Cómo reconocer el estrés adolescente

No debemos esperar a que nuestros hijos expresen que están estresados, porque probablemente ni ellos mismos sepan qué les pasa. Por este motivo, debemos estar atentos ante la presencia de algunos de los siguientes síntomas del estrés: agotamiento y cansancio crónico, sensación de malestar, excesiva autocrítica, sensación de persecución, cinismo, irritabilidad y negatividad, brotes de furia por motivos aparentemente triviales, enfado cuando les exigimos algo, insomnio o  dificultad respiratoria, entre otros.

Cómo ayudar a un adolescente estresado

Lo primero es ayudarle a reconocer que necesita ayuda, nada sencillo en el caso de los adolescentes que suelen pensar que son autosuficientes y saben más que los adultos. Es muy importante que comprendan que respetamos sus motivos de estrés y queremos ayudarlos a superarlo. Y que, además, tenemos la completa confianza en su capacidad de hacer justamente eso. Es importante hacerles ver que el estrés es un problema de mayores y que todos tenemos que aprender a resolver momentos de enorme estrés durante nuestras vidas. Reconocer el estrés es el primer paso para superarlo. Y aprender a superar el estrés supone una lección que les ayudará durante toda la vida.

Algunas ideas para empezar son:

  • Intentar ayudarles a identificar la causa de su estrés y hablar sobre cómo aliviar la situación: si se sienten abrumados por sus deberes, les ayudaremos a ordenar su trabajo y hacer un buen plan o buscar otro tipo de ayuda como, por ejemplo, clases particulares. Es importante ayudarles a fijar objetivos realistas para disminuir la presión y si tienen problemas en el colegio hacerles saber que los ayudaremos a buscar una solución.
  • Una forma de combatir el estrés es a través de la diversión: buscar alguna actividad familiar de ocio, como ir al cine o mirar un partido de futbol; es decir, cualquier cosa que les parezca entretenida y lo ayude a olvidar durante un instante sus problemas, resultará seguramente muy positivo y gratificante.
  • Aprender juntos maneras de combatir el estrés: existen muchísimos recursos en internet con consejos, ejercicios. SI es preciso se puede buscar la ayuda de un experto, pero no sin antes intentar recabar información y datos juntos.
  • El deporte es una magnífica manera de luchar contra el estrés: Tal vez podamos sugerirle que vaya a un gimnasio, que participe de algún deporte, o bien realizar alguna actividad deportiva familiar. La actividad física suele resultar muy positiva en estos casos.

Fuente: Revista Colegio


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El dolor muscular, también conocido como mialgia, obedece a múltiples causas, pero se asocia principalmente a factores como estrés, malas posturas – en especial al estar sentado-, o sobreesfuerzos físicos al hacer ejercicio. Las contracturas generan dolor, que puede ser incapacitante o limitar la movilidad articular, provocar dolores de cabeza y espalda, y afectar las actividades diarias, el rendimiento e incluso nuestra respiración, entre muchas otras consecuencias.

Es importante recurrir al médico para descartar causas serias y determinar el origen del dolor o de las contracturas para así combatirlos y, más importante aún, corregir aquello que los provoca, con ayuda de la Kinesiología, que es el estudio científico del movimiento humano para tratar y prevenir enfermedades. Esta disciplina utiliza medios físicos – como las manipulaciones manuales o ejercicios correctivos – y diversos aparatos, como el láser, las ondas de choque o la electroanalgesia, para actuar en el alivio del dolor y la corrección de sus causas.

Un elemento a tener en cuenta es la prevención. En este aspecto, una situación causal frecuente es la postura que se adopta, especialmente durante las largas horas que suelen pasarse sentado, ya sea durante el estudio o en el trabajo. En general, si la posición no es la correcta porque suele estarse inclinado hacia adelante y encorvado o si el mobiliario es inadecuado o no está bien graduado, se producen contracturas musculares.

Algunos consejos prácticos para una postura correcta durante el estudio o trabajo incluyen:

  • Usar una silla (graduable y especialmente diseñada) y un escritorio apropiados. Si se trabaja con un monitor de computadora, ajustarlo para que quede a la altura de los ojos, con el teclado próximo; las manos descansando sobre el escritorio y codos cercanos al cuerpo (con flexión de 90 grados).
  • La silla debe tener una altura que permita que los pies toquen el suelo con las plantas totalmente apoyadas o en su defecto usar una plataforma. Para ajustarla, pararse al lado y comprobar que el asiento quede aproximadamente a la altura de la rodilla. Si hay apoyabrazos, deben estar a una altura que permita mantener los hombros relajados.
  • El ángulo que forman tronco y muslos debe ser de 90 grados o mayor (hasta 110 grados) y no se deben cruzar las piernas, para distribuir el peso de forma pareja. La parte de atrás de las rodillas deben estar a unos 5 centímetros del borde del asiento y los tobillos deben quedar por delante de las rodillas.
  • La columna debe quedar contra el respaldo teniendo especial cuidado que la curva lumbar esté bien apoyada. Esto permite la alineación de la cabeza, que debe estar erguida y no inclinada hacia adelante. En ese sentido, la posición de la columna vertebral es fundamental y no debe perder alineación en ningún momento, ya que si ocurre aparecen contracturas con dolores de espalda y fatiga.
  • Y, por último, es imprescindible una pausa activa cada dos o tres horas, que incluya levantarse, realizar ejercicios de respiración y de movilidad de brazos, piernas, cuello y cabeza, acompañando siempre de estiramientos suaves. Debe durar entre 10 y 15 minutos.

Fuente: Revista Colegio


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12/Jun/2018

Más de 300 millones de personas en el mundo  sufren o han sufrido depresión. La cifra proporcionada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es alarmante. ¿Más datos? La depresión es la principal causa de discapacidad en el mundo y, en el peor de los casos, puede provocar el suicidio, que actualmente es la segunda causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años. El costado alentador ante estas cifras preocupantes es que este trastorno mental frecuente se puede prevenir y tratar.

Pero, ¿qué es la depresión? La OMS la define como “una enfermedad que se caracteriza por una tristeza persistente y por la pérdida de interés en las actividades con las que normalmente se disfruta, así como por la incapacidad para llevar a cabo las actividades cotidianas, durante al menos dos semanas”. Además, las personas con depresión suelen presentar otros síntomas, como pérdida de energía, cambios en el apetito, necesidad de dormir más o menos de lo normal, ansiedad, disminución de la concentración, indecisión, inquietud, sentimiento de inutilidad, culpabilidad o desesperanza y pensamientos de autolesión o suicidio. Afecta a personas de todas las edades y estratos sociales, pero suele ser más frecuente en mujeres que en hombres. En muchísimos casos, la imposibilidad de relacionarse y/o llevar adelante tareas cotidianas tiene graves consecuencias en los vínculos sociales, lo que perjudica familias, amistades y trabajo.

La depresión es el resultado de interacciones complejas entre factores sociales, psicológicos y biológicos. Las personas que han vivido situaciones extremas o que estén atravesando un duelo, por ejemplo, tienen más probabilidades de sufrir depresión. También existe relación entre la depresión y la salud física: las enfermedades cardiovasculares pueden producir depresión y viceversa.

Uno de los grandes problemas que enfrentan las personas con depresión es la estigmatización de los trastornos mentales. Si bien existen tratamientos eficaces, se calcula que más de la mitad de los enfermos no los recibe, ya sea por falta de recursos o por diagnósticos erróneos. “Una mejor comprensión de qué es la depresión y de cómo puede prevenirse y tratarse contribuirá a reducir la estigmatización asociada a la enfermedad y conllevará un aumento del número de personas que piden ayuda”, declara la OMS en un informe sobre este tema. El tratamiento suele consistir en terapia de conversación, medicación antidepresiva o una combinación de ambos métodos.

Consejos de la OMS

¿Qué puede hacer si cree que está deprimido?

  • Hable de sus sentimientos con alguien de su confianza. La mayoría de las personas se sienten mejor tras hablar con alguien que se preocupa por ellas.
  • Solicite ayuda profesional. Hablar con un profesional o con su médico de cabecera es un buen punto de partida.
  • Recuerde que puede sentirse mejor si recibe la ayuda adecuada.
  • Siga realizando las actividades que le gustaban cuando se encontraba bien.
  • No se aísle. Mantenga el contacto con familiares y amigos.
  • Haga ejercicio regularmente, aunque se trate de un pequeño paseo.
  • Mantenga hábitos regulares de alimentación y sueño.
  • Acepte que puede tener depresión y ajuste sus expectativas. Tal vez no pueda llevar a cabo todo lo que solía hacer.
  • Evite o limite la ingesta de alcohol y absténgase de consumir drogas, ya que estos productos pueden empeorar la depresión.
  • Si tiene pensamientos suicidas, pida ayuda a alguien inmediatamente.

¿Qué hacer si cree que alguien cercano está atravesando una depresión?

  • Encuentre un momento adecuado y un lugar tranquilo para hablar con la persona por la que está preocupado. Dígale que está allí para escucharla.
  • Anímela a pedir ayuda a un profesional, como un médico, un profesional de salud mental, un asesor o un trabajador social. Ofrézcase a acompañarla a las citas médicas.
  • Si cree que la persona corre un peligro inmediato, no la deje sola. Pida ayuda profesional, a un teléfono de asistencia para personas en crisis o hable con los familiares.
  • Si la persona por la que está preocupado vive con usted, asegúrese de que no tenga acceso a medios para autolesionarse (como pesticidas, armas de fuego o medicación) en el hogar.
  • Mantenga el contacto con dicha persona para comprobar que está bien.

Recuerde: si conoce a alguna persona que podría estar pensando en suicidarse, hable con ella al respecto. Escúchela con actitud abierta y ofrézcale su apoyo.

Fuente: Organización Mundial de la Salud


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