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Todos los años, del 1 al 7 de agosto, se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna con el fin de concientizar sobre los beneficios de esta práctica tanto para los bebés como para las madres.  Se ha comprobado que la lactancia materna mejora la supervivencia de los recién nacidos y los ayuda en su desarrollo. La leche materna transmite anticuerpos que aumentan las defensas del bebé y lo protegen contra enfermedades comunes de la primera etapa de vida. Además, la lactancia fortalece el vínculo afectivo entre madre e hijo y contribuye a la seguridad y estabilidad emocional del bebé.

Desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomiendan comenzar la lactancia materna dentro de la hora siguiente al nacimiento y mantenerla como alimento exclusivo de los bebés en sus primeros 6 meses de vida. Luego se puede continuar con la lactancia hasta los 2 años y complementar con alimentos adecuados que aporten nutrientes.

Lactancia materna y COVID-19

Según la OMS, no se ha detectado que el COVID-19 se transmita a través de la leche materna ni el amamantamiento, por lo que no existen motivos para evitar o interrumpir la lactancia. Por otra parte, se considera que los beneficios de la lactancia materna superan sustancialmente los posibles riesgos de transmisión y enfermedad asociados a la COVID-19.

De todas formas, para una lactancia segura se recomienda

  • Lavarse las manos con agua y jabón o alcohol al 70% antes de tocar al bebé.
  • Cubrirse la boca y la nariz con el pliegue interno del codo o con un pañuelo y posteriormente lavarse las manos.
  • En caso de ser positivo de COVID, o tener sospechas de serlo, se recomienda utilizar tapaboca o barbijo cuando se está con el bebé, incluso durante el amamantamiento. Vale recordar que los niños menores a dos años no deben usar mascarilla.
  • Si la madre está demasiado enferma para amamantar a su bebé debido al COVID-19 o a otras complicaciones, debería recibir ayuda para utilizar el sacaleches o considerar la opción de utilizar leche materna de donantes. Si nada de esto es posible, se debe recurrir a la lactancia artificial, siempre cuidando que el producto sea seguro y se prepare correctamente.

Por último, es importante destacar que la vacuna contra COVID-19 está recomendada para las personas sanas que están amamantando. Dado que ninguna de las vacunas que se utilizan contienen el virus vivo, no existe riesgo de transmisión, por lo que las madres podrán amamantar apenas vacunadas.

Fuentes:
Organización Panamericana de la Salud
Organización Mundial de la Salud


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La hepatitis es la inflamación del hígado, un órgano vital ubicado en la parte superior derecha del área del estómago que procesa los nutrientes y ejerce una función desintoxicante. Cuando el hígado está inflamado o dañado, su función puede verse afectada. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 de cada 12 personas en el mundo viven con hepatitis B o hepatitis C.

La hepatitis puede ser provocada por células inmunitarias en el cuerpo que atacan el hígado, por infecciones por virus (como las hepatitis A, B o C), por el daño hepático causado por alcohol o tóxicos; o por efecto de los medicamentos. Puede comenzar y mejorar rápidamente, aunque también puede volverse una enfermedad prolongada. En algunos casos, puede llevar a daño hepático, insuficiencia hepática o incluso cáncer de hígado.

La mayoría de las veces las hepatitis no producen síntomas y la enfermedad pasa inadvertida por lo que sólo puede ser diagnosticada por medio de un análisis de sangre.

Por otro lado, si bien existen vacunas para prevenir hepatitis A y B, que forman parte del Calendario Nacional de Vacunación, hay que recordar que no existe la vacuna contra la hepatitis C.

En detalle, en la hepatitis A el virus abandona el organismo a través de las evacuaciones. Si las personas infectadas no se lavan las manos después de usar el baño pueden transportar el virus en las manos y contaminar cualquier cosa que toquen (alimentos, agua y otras personas). La hepatitis A generalmente es de corta duración y no conduce a problemas hepáticos crónicos.

Los síntomas más comunes son: Cansancio, náuseas o vómitos, falta de apetito, fiebre superior a 38°, dolor debajo de las costillas, del lado derecho del área del estómago. También pueden aparecer otros síntomas como orina de color oscuro, evacuaciones de color claro, ictericia y   comezón en la piel.

Como medidas de prevención pueden mencionarse el lavado de manos después de ir al baño, cambiar pañales y tocar basura o ropa sucia; y antes de preparar alimentos y comer; vacunarse contra la hepatitis A, no beber leche no pasteurizada ni consumir alimentos hechos con leche no pasteurizada; lavar bien las frutas y verduras antes de consumirlas; cocinar bien la carne y los mariscos; cocinar los huevos hasta que la yema quede firme; lavarse las manos y utensilios y tablas de cortar si estuvieron en contacto con alimentos crudos.

En la mayoría de los casos de este tipo de hepatitis, la infección desaparece por sí sola y las siguientes medidas pueden hacer que el hígado sane:

-Descansar mucho. Se recomienda que la personas no se reincorpore a las tareas hasta que la fiebre haya desaparecido, haya recuperado el apetito, y la piel y ojos ya no estén amarillos.

-Evitar beber alcohol.

-Evitar medicamentos, según las recomendaciones del médico.

En tanto, la hepatitis B es causada por un virus transmitido por medio de los fluidos corporales de las personas. Esto puede suceder de varias maneras, por ejemplo, al tener relaciones sexuales, compartir agujas, cepillos de dientes, máquinas de afeitar con filo u otros objetos personales con una persona infectada. También puede ser transmitida de madre a bebé durante el embarazo. La hepatitis B no se transmite por medio del agua o la comida, ni tampoco por estornudar, abrazar, toser.

Los síntomas son similares a los de una gripe. La mayoría de las personas que tienen hepatitis B mejoran en un plazo aproximado de 6 meses, pero 1 de cada 20 adultos desarrolla una hepatitis B crónica.

Las personas con hepatitis B no tienen síntomas y no saben que están infectadas, pero con el transcurso del tiempo, la enfermedad puede provocar cirrosis, inflamación en el estómago y las piernas y acumulación de líquido en los pulmones, entre otros síntomas.

Asimismo, en la mayoría de este tipo de infecciones, no es necesario un tratamiento y si se tiene hepatitis crónica, es decir que el virus no desaparece al cabo de 6 meses, el médico podría recetar medicamentos.

En el caso de la hepatitis C, el virus se transmite principalmente a través del contacto de sangre con sangre y, de manera similar a la hepatitis B, con frecuencia no hay síntomas pero si están presentes también son parecidos. Para la hepatitis C no hay vacuna y las personas pueden llevar una vida normal con los controles médicos necesarios.
Cuándo consultar

Para detectar hepatitis es necesario un examen de laboratorio. Una persona debe evaluar solicitar el análisis para detectar la hepatitis B-C si estuvo expuesta a alguna de estas situaciones:

– Si tuvo relaciones sexuales sin preservativo.

-Si vive con alguna persona que tiene hepatitis B o C, dado que es más frecuente o probable compartir objetos cortopunzantes que pueden aumentar las posibilidades de infección.

-Si tuvo o tiene alguna infección de transmisión sexual.

-Si se realizó alguna vez hemodiálisis.

-Si alguna vez compartió elementos en el consumo de drogas inyectables e inhalatorias.

-Si recibió donación de sangre u órganos antes de 1994.

-Si tiene VIH, para evaluar una posible coinfección.

Lograr mayor conciencia, prevención, atención, apoyo y acceso al tratamiento es el objetivo del Día Mundial de la Hepatits que se conmemora cada 28 de julio en pos de erradicar estas enfermedades del planeta.

*Fuente: Consenso Salud

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Las vacunas activan las defensas de nuestro organismo, fortalecen el sistema inmune y nos ayudan a resistir infecciones. Son, en definitiva, la mejor manera de protegernos cuando entramos en contacto con ciertas enfermedades que, en algunos casos, pueden ser de gravedad.

Al recibir una vacuna, el sistema inmune comienza a producir anticuerpos que le permiten luchar contra las enfermedades y, como está diseñado para recordar, luego de aplicarse una o dos dosis de una vacuna, las personas quedamos protegidas contra esa enfermedad durante años e incluso durante toda la vida. Si en algún momento estamos expuestos al microbio o virus contra el que fuimos vacunados, nuestro sistema inmunitario podrá destruirlo rápidamente antes de que empecemos a sentirnos mal.

Si nos vacunamos:
✔️Se reduce el riesgo de contraer una infección.
✔️Se reducen las posibilidades de transmitir el virus o bacteria a los demás.
✔️Se protege a quienes -por edad, alergias u otra condición- no pueden recibir una vacuna.

Por eso, vacunarse es también una responsabilidad social, ya que no solo nos protege a cada uno de nosotros, sino a toda la comunidad.

Las vacunas son seguras y se testean continuamente para detectar, prevenir y evitar efectos adversos. Pueden causar efectos secundarios leves (como fiebre, dolor en el lugar de la aplicación, náuseas) que desaparecen en pocos días. Es importante que quede claro que los beneficios de vacunarse son superiores a los riesgos o efectos colaterales que nos pueda ocasionar la aplicación.

Si no nos vacunamos, corremos el riesgo de contraer enfermedades graves como sarampión, meningitis, difteria, neumonía, tétanos y poliomielitis, muchas de las cuales pueden ser discapacitantes y mortales. Según la Organización Mundial de la Salud, las vacunas salvan alrededor de 3 millones de vidas cada año.

En la Argentina está vigente un Calendario Nacional de Vacunación gratuito y obligatorio para todas las edades. Se puede consultar ingresando a este link.

Vacuna contra Covid-19

En el caso del COVID-19, se desarrollaron vacunas que, tras haberse comprobado que son seguras y eficaces contra la enfermedad, comenzaron a distribuirse y administrarse en todo el mundo. Sin embargo, todavía se desconoce a partir de qué porcentaje de vacunas aplicadas se podría considerar que se alcanzó una inmunidad colectiva.  Según la OMS “es posible que se llegue a distintas conclusiones en función de la comunidad objeto de estudio, la vacuna que se haya utilizado, los grupos demográficos a los que la vacuna se les haya administrado con carácter prioritario y otros factores”.

Fuentes:

  • Organización Mundial de la Salud (OMS)
  • Ministerio de Salud de la Nación (MSN)

 


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El cáncer de piel es el crecimiento anormal de las células de la piel y se manifiesta principalmente en aquellas zonas más expuestas al sol, como la cara, los brazos, las manos o el cuero cabelludo, aunque también puede desarrollarse en lugares que no suelen exponerse a la luz solar como los pies o los genitales.

Los tres tipos de cáncer de piel más comunes son:

  • Carcinoma de células basales: Se produce por lo general en áreas expuestas al sol, como el rostro, y puede manifestarse como una lesión del color de la piel similar a una cicatriz o una lesión con costras o sangrante que se cura y reaparece.
  • Carcinoma espinocelular: Suele aparecer en áreas del cuerpo expuestas al sol como un nódulo rojo y firme o una lesión plana con superficie escamosa y costras.
  • Melanoma: Puede aparecer en cualquier parte del cuerpo, haya estado expuesta al sol o no. A veces son lunares ya existentes que se vuelven cancerosos, pero también puede ser: un área grande y amarronada con pintitas más oscuras; un lunar que cambia de tamaño, forma o color; un lunar que sangra o una lesión pequeña con bordes irregulares y partes de color rojo, rosa, blanco o azul. También puede manifestarse como una lesión que pica, arde o duele o como lesiones oscuras en ciertas partes del cuerpo como palmas de las manos, plantas de los pies, vagina o ano.

¿Cómo prevenir el cáncer de piel?

Ningún método de prevención es 100% infalible, pero hay algunas acciones o hábitos que ayudar a reducir los factores de riesgo. Por ejemplo:

  • Usar protector solar UVA/UVB con FPS alto todos los días del año, según indicación del profesional médico.
  • Evitar la exposición directa al sol entre las 10 de la mañana y las 4 de la tarde, especialmente en verano.
  • Protegerse con anteojos de sol y sombreros.
  • Evitar el uso de camas solares.
  • Controlar periódicamente los lunares o manchas de la piel.

Cuándo consultar un médico

Realizar al menos una consulta anual de control con un médico. Visitarlo especialmente si encuentra una mancha nueva en la piel, si ha notado cambios en sus lunares o manchas, si tiene una lesión en la piel que no se cura o reaparece.

Cuando el cáncer de piel se detecta en sus etapas tempranas, hay más chances de que el tratamiento resulte exitoso.


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Se puede tener presión arterial alta durante años sin presentar ningún síntoma y es por eso que muchas personas padecen esta enfermedad sin saberlo. La hipertensión arterial (HTA) se desarrolla en el tiempo y sus causas son variadas. Si bien no tiene cura, se puede controlar con cambios en el estilo de vida y, si el profesional así lo indica, con medicación. La mejor forma de prevenir casos de gravedad es tomarse periódicamente la presión y adoptar hábitos saludables que minimicen los riesgos.

No hay síntomas específicos de hipertensión arterial. Se cree que las personas con hipertensión arterial están nerviosas, tienen sudoración excesiva o tienen dificultad para dormir. Eso es un mito. Por algo se conoce a la HTA como un “asesino silencioso”, que no presenta síntomas. No hay síntoma o signo determinado que funcione como señal de alerta de que alguien padece hipertensión arterial; por eso, la American Heart Association insiste en la importancia de conocer los valores de presión arterial y realizar cambios significativos para minimizar los factores de riesgo. Es aconsejable, por ejemplo, reducir el consumo de sal, llevar una alimentación saludable, hacer actividad física regularmente, utilizar técnicas de manejo del estrés y evitar o abandonar el cigarrillo.

Otro mito es pensar que la hipertensión arterial causa dolores de cabeza y hemorragias nasales. Hay diversos estudios que indican que la HTA no causa dolor de cabeza ni hemorragia nasal, excepto en caso de crisis hipertensiva, cuando la presión arterial es de 180/120 mm Hg o superior. Si la presión arterial es inusualmente alta, tiene dolor de cabeza o hemorragia nasal y no se encuentra bien, espere cinco minutos y repita la toma de presión. Si la lectura sigue siendo 180/120 mm Hg o más, debe comunicarse con el servicio de emergencias médicas.

Hay una serie de síntomas que pueden estar relacionados indirectamente con la hipertensión arterial, pero no siempre son causados por esta, como:

  • Manchas de sangre en los ojos: Las manchas de sangre en los ojos (hemorragia subconjuntival) son más comunes en personas con diabetes o hipertensión arterial, pero ninguna de las enfermedades las causa. Sin embargo, un oftalmólogo puede detectar los daños en el nervio óptico causados por la hipertensión arterial sin tratar.
  • Rubor facial: El rubor facial se produce cuando los vasos sanguíneos del rostro se dilatan. Puede producirse de forma impredecible o en respuesta a determinados factores, como la exposición al sol, al frío, a los alimentos picantes, al viento, a las bebidas calientes y a los productos para el cuidado de la piel. El rubor facial también puede aparecer cuando hay estrés emocional, exposición al calor o al agua caliente, consumo de alcohol y ejercicio, situaciones que pueden aumentar la presión arterial temporalmente. Aunque el rubor facial puede ocurrir cuando la presión arterial es superior a la normal, la hipertensión arterial no es la causa.
  • Mareos: Aunque el mareo puede ser un efecto secundario de algunos medicamentos antihipertensivos, no está provocado por la hipertensión arterial. No obstante, el mareo no debe ignorarse, especialmente si el inicio es repentino. Los mareos repentinos, la pérdida de equilibrio o la coordinación, y la dificultad para caminar son signos de alarma de derrame cerebral. La hipertensión arterial es uno de los principales factores de riesgo de derrame cerebral.

¿Qué puede hacer para prevenir una crisis de hipertensión arterial?

  • Medir su presión arterial regularmente para conocer su situación.
  • Reconocer sus factores de riesgo y modificarlos. La obesidad, el tabaquismo, el consumo excesivo de sal, son algunos de los factores de riesgo que pueden disminuir solo con cambiar algunos hábitos.
  • Si es necesario, pida ayuda profesional para modificar aquellas conductas que pueden empeorar su condición. La presión arterial alta no controlada puede ocasionar graves problemas de salud, como enfermedades cardiacas o ACV.

Fuente: American Heart Association


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El cáncer de cuello uterino se produce en las células del cuello uterino, que es la parte inferior del útero conectada a la vagina. Comienza cuando las células sanas del cuello uterino desarrollan cambios (mutaciones) en su ADN. En ese ADN se encuentran las instrucciones que le dicen a una célula qué hacer. En este caso, las mutaciones les dicen a las células que crezcan y se multipliquen fuera de control; entonces se acumulan formando una masa o tumor que –en estadios muy avanzados- pueden diseminarse a otras partes del cuerpo, lo que se conoce como metástasis.

En etapas tempranas, el cáncer de cuello uterino, generalmente, no produce signos ni síntomas. Por eso se recomienda realizar controles ginecológicos a partir de los 21 años o desde los 3 años posteriores al inicio de las relaciones sexuales: Una prueba de Papanicolaou puede detectar células anormales en el cuello uterino, incluidas células cancerosas y células que muestran cambios que aumentan el riesgo de cáncer cervical. Será el médico o médica quien evaluará si se han dado situaciones de riesgo especiales que requieran otro tipo de estudios complementarios.

Para prevenir el riesgo de contraer cáncer de cuello uterino es importante:

  • Que todas las niñas y niños de 11 años reciban la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH). Esta vacuna forma parte del Calendario Nacional del Vacunación y reduce el riesgo de infección por VPH, una de las principales causas de cáncer de cuello.
  • Usar preservativo en todas las relaciones sexuales.
  • No fumar o dejar de hacerlo.

Cuando el cáncer de cuello uterino está en estadios un poco más avanzados, puede presentar alguno de los siguientes síntomas:

  • Sangrado vaginal después de las relaciones sexuales, entre períodos o después de la menopausia.
  • Flujo vaginal acuoso y con sangre, que puede ser abundante y tener un olor fétido.
  • Dolor pélvico o dolor durante las relaciones sexuales.

Según la estadificación de la lesión cancerígena puede realizarse tratamiento quirúrgico, requerir algún otro tratamiento como quimioterapia o radioterapia.


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26 enero, 2021 ConsejosPrevención

Hace 150 años, el 27 de enero de 1871, se conocieron los primeros casos de fiebre amarilla en Buenos Aires. Esta epidemia causó la muerte de 13.614 personas (de acuerdo con datos registrados por la Asociación Médica Bonaerense) y diezmó la población de una ciudad pujante que, en aquel entonces, tenía apenas 187 mil habitantes.  En la actualidad, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) calcula que se producen 200 mil casos anuales de fiebre amarilla y unas 30 mil personas mueren por esta enfermedad evitable.

¿Qué es la fiebre amarilla?

Es una enfermedad producida por un virus, que se transmite por la picadura de un mosquito infectado. No todos los mosquitos contagian la fiebre amarilla, solo lo hacen aquellos que previamente han picado a un individuo enfermo.

Existen dos ciclos de transmisión de la fiebre amarilla: el selvático y el urbano.

  • El ciclo selvático incluye a los mosquitos y a los monos, que se enferman y mueren rápidamente pero no transmiten la enfermedad. Ver monos muertos o enfermos indica que podría estar circulando el virus; por eso se debe informar inmediatamente a un Centro de Salud.
  • El ciclo urbano involucra al mosquito Aedes aegypti que vive en las casas – es el mismo que causa dengue-, y a los seres humanos.

El contagio de la enfermedad solo se produce por la picadura de mosquitos infectados y no de persona a persona. Los adultos mayores y los niños son quienes tienen mayor riesgo de presentar una enfermedad grave.

¿Cuáles son las zonas de riesgo para la fiebre amarilla?

Las zonas de riesgo de la Argentina son aquellas provincias que limitan con Brasil, Bolivia y Paraguay, especialmente Misiones y Formosa. Las provincias de Chaco, Corrientes, Jujuy y Salta son consideradas de riesgo medio.

El mayor riesgo de adquirir la infección es al realizar actividades en zonas selváticas y no haber recibido la vacuna.

¿Cuándo sospechar fiebre amarilla?

Si no está vacunado contra la fiebre amarilla, viajó o vive en una zona de riesgo y tiene síntomas como fiebre alta, dolores musculares, dolor de cabeza; su piel está amarilla, tiene escalofríos o náuseas, debe consultar al Centro de Salud. Es difícil confirmar la fiebre amarilla por un examen clínico debido a que sus síntomas son bastante inespecíficos y similares a los de una gripe común.  Se considera Caso Confirmado a todo paciente sospechoso que tenga un diagnóstico confirmatorio de fiebre amarilla por laboratorio.

¿Cuál es el tratamiento de la fiebre amarilla?

No existe tratamiento antiviral específico para la fiebre amarilla y sólo se realizan medidas de sostén. Si se puede manejar de manera ambulatoria, se indica reposo y paracetamol cuando el paciente tiene dolor o fiebre (otros antiinflamatorios como diclofenac, ibuprofeno, naproxeno y aspirina están contraindicados). Además, se brindan pautas de alarma para consulta inmediata, se solicita protección contra la picadura de mosquitos para evitar la transmisión del virus y se requiere una evaluación diaria por parte del equipo de salud.

¿Qué puedo hacer para prevenir la fiebre amarilla?

Lo más importante, para las personas que viven o viajan a zonas de riesgo, es aplicarse la vacuna con al menos 10 días de anticipación al comienzo del viaje. Es una vacuna segura y efectiva, que pueden recibir todas las personas a partir del año de vida. En el caso de los adultos mayores de 60 años se debe evaluar su aplicación de acuerdo con la exposición al virus y el riesgo clínico del paciente.

Una sola dosis de la vacuna contra la fiebre amarilla otorga inmunidad y protección de por vida, sin necesidad de dosis de refuerzo.

Además, al igual que para prevenir el dengue, es recomendable usar repelente y renovar su aplicación según indicación del producto, especialmente luego de haber estado en contacto con el agua o tras sudar en exceso.

Por último, es fundamental impedir la reproducción de los mosquitos y para eso es necesario vaciar o dar vuelta los tachos y/o baldes y renovar periódicamente el agua de las mascotas y floreros.

 

 


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Llevar hábitos saludables es fundamental para prevenir enfermedades no transmisibles; es decir, aquellas que en gran medida se relacionan con la alimentación o el sedentarismo, como la Diabetes tipo II o las enfermedades cardiovasculares. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud no es solo la ausencia de enfermedad, sino que implica un bienestar físico, mental y social. Para alcanzar ese bienestar y mejorar nuestra calidad de vida es necesario adoptar conductas que nos beneficien.

Los hábitos no se modifican de un día al otro. Por eso es recomendable dar pequeños pasos y hacer cambios paulatinos: De esta forma, hay más posibilidades de sostenerlos en el tiempo. A continuación, compartimos algunos consejos para comenzar un cambio de vida:

  1. Tomar más agua: Lo ideal es beber 2 litros de agua cada día. Para facilitar la ingesta de líquido, un tip es poner alarmas en el teléfono a modo de recordatorio o tomar 8 vasos de agua distribuidos en distintos momentos (dos vasos por la mañana, dos al mediodía, otros dos por la tarde y dos por la noche).
  2. Llevar una alimentación balanceada: Una alimentación equilibrada debe incluir verduras, frutas, cereales, legumbres y proteínas. En este punto, la planificación es clave. ¿Sugerencias? Primero, es recomendable consultar con un nutricionista. Pero, para empezar, es bueno organizar un menú semanal, hacer una lista de compras y tratar de comer comida casera. Cocinar puede ser un plan entretenido y ayuda a evitar o disminuir el consumo de azúcares y alimentos ultraprocesados. También es recomendable moderar el consumo de alcohol.
  3. Sumar movimiento: Hacer actividad física 30 minutos al día es bueno para el cuerpo y la mente. Las personas que no están acostumbradas o que realizan tareas sedentarias, pueden aprovechar las distintas aplicaciones y gadgets que ayudan a controlar los movimientos. Para no abandonar es preciso encontrar una actividad que entusiasme; puede ser caminar, andar en bici, nadar, etc. Lo importante es lograr constancia y, si se desea, proponerse pequeños objetivos para ser consciente del progreso. Siempre consultar a un médico para que realice un apto físico e indique la mejor actividad de acuerdo con su estado.
  4. Tratar de decirle adiós al cigarrillo: Los beneficios de dejar de fumar son innumerables.
  5. Descansar de manera adecuada: Lo ideal de dormir de 6 a 8 horas diarias. Tratar de regular y mantener un buen ritmo de sueño es necesario para un mejor rendimiento en todas las actividades y para recuperarse tras realizar ejercicio.
  6. Hacer alguna actividad placentera: Esto queda a gusto y criterio de cada persona. Puede ser meditar, pintar, cantar o bailar. Cualquier cosa que permita relajar y desconectar o despejarse.

El cambio de hábitos es un proceso y lleva su adaptación: Habrá días mejores que otros. Por eso, hay que ser flexibles y aceptar que a veces se puede fallar. En esos casos, evitar sentir culpa, no abandonar, ser paciente y retomar los buenos hábitos son pasos necesarios para tener éxito en este nuevo camino.


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No hay dudas de que las fiestas de este fin de año tendrán un componente especial debido a la pandemia que nos ha mantenido lejos de nuestros seres queridos durante gran parte de este 2020. Sin embargo, es necesario continuar cuidándonos y cuidando a quienes nos rodean para evitar el contagio de Covid y prevenir también lesiones o quemaduras muy comunes en esta época del año.

La mejor forma de tener unas fiestas seguras en familia o con amigos es cumplir con los siguientes protocolos que minimizan los riesgos de contagio:

  • Evitar reuniones sociales con más de 10 personas. Es recomendable que esas personas sean convivientes.
  • Realizar los encuentros al aire libre o en espacios con ventilación permanente.
  • Usar barbijo o tapabocas en todo momento y quitárselo solo para consumir.
  • Mantener la mayor distancia social posible, no darse besos, abrazos ni estrecharse las manos.
  • Higienizarse frecuentemente las manos, especialmente antes de manipular la comida y luego de ir al baño.
  • No compartir vasos, cubiertos ni vajillas.
  • No asistir si presenta síntomas o si estuvo en contacto estrecho con caso positivo de COVID en los últimos 14 días.
  • Evitar bailar, cantar o gritar en espacios cerrados. Tratar de mantener la música en un volumen bajo para no hablar fuerte ni gritar.
  • Toser o estornudar en un pañuelo descartable o en el pliegue interno del codo. Recordamos que el virus del COVID se propaga por las gotículas que se expulsan al hablar, toser o estornudar.

En las fiestas son muy comunes las quemaduras y lesiones oculares producidas por mal uso de la pirotecnia y corchos. Es fundamental que solo se adquiera pirotecnia aprobada por la Agencia Nacional de Materiales Controlados (ANMaC), ente que regula y fiscaliza todo lo relacionado con explosivos y otros materiales controlados. Para hacer un buen uso de la pirotecnia, se requiere encenderla siempre en lugares abiertos y al aire libre. Jamás sostener la pirotecnia en la mano ni detonarla en un frasco, botella u otro recipiente. Mantener distancia del producto una vez encendido y proteger los oídos, especialmente los de los niños. En caso de que el producto no explote, apagarlo con agua (nunca tocar la mecha). Vale aclarar que los niños no deberían manipular pirotecnia o hacerlo siempre bajo la supervisión de un adulto.

Un gran porcentaje de lesiones oculares ocurren por los corchos de bebidas espumantes.  Para evitar esto, se recomienda maniobrar el corcho con un repasador y abrir la botella suavemente.  Si permite que el corcho “salga volando”, puede impactar y lesionar a cualquier persona desprevenida.

Por último, moderar el consumo de alcohol permite mantener control sobre las acciones. Las personas que beben en exceso son más propensas a minimizar los cuidados para prevenir el contagio de COVID, tener actitudes más violentas o generar accidentes de tránsito, entre otras situaciones evitables. Si bebe, no conduzca.


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11 noviembre, 2020 ConsejosPrevenciónSalud

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 422 millones de personas en el mundo tienen diabetes. Se calcula que, solo en América, son 62 millones de personas las que tienen diabetes*, pero más de la mitad no controla su enfermedad y entre un 30 y un 40% de personas aún no han sido diagnosticadas. Lo más alarmante es que, de acuerdo con estimaciones del Atlas de la Diabetes, para el año 2040 habrá 109 millones de personas con esta enfermedad en el continente.

La diabetes es una enfermedad crónica que, cuando está mal controlada, genera distintas complicaciones como ceguera, insuficiencia renal, úlceras y/o amputación de miembros,  enfermedad cardiovascular y mortalidad temprana. Además, en el actual contexto por la pandemia, las personas con diabetes son consideradas de riesgo porque pueden cursar cuadros más graves de COVID-19.

Se dice que una persona padece diabetes cuando el páncreas produce insulina insuficiente o cuando el organismo no la procesa bien. Este proceso ineficiente puede generar un elevado nivel de azúcar en sangre llamado hiperglucemia. Existen distintos tipos de diabetes:

  • La diabetes tipo 1 aparece generalmente en edades tempranas y se da cuando hay ausencia de síntesis de insulina.
  • La diabetes tipo 2 se origina cuando, como se menciona más arriba, el organismo no utiliza bien la insulina. Suele darse en la edad adulta.
  • La diabetes gestacional se desarrolla en mujeres embarazadas que padecen un aumento en el nivel de azúcar en sangre.

Llevar una alimentación saludable, que incluya frutas y verduras y evite las grasas saturadas, los azúcares refinados y los ultraprocesados; realizar actividad física regularmente; mantener un peso normal y evitar el cigarrillo contribuyen a la prevención de la diabetes tipo 2.

En el caso de las personas que ya han sido diagnosticadas, para evitar el avance de la enfermedad y sus complicaciones, será necesario:

  • Llevar un estilo de vida saludable
  • Realizar controles periódicos con un especialista
  • Controlar la glucemia
  • Tomar la medicación indicada por el profesional
  • Controlar la presión arterial
  • Controlar el colesterol
  • Cuidar los pies manteniendo una buena higiene, utilizando calzado adecuado y revisando periódicamente que no se formen lesiones.
*Dato del año 2014
Fuente: Organización Mundial de la Salud

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