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El cáncer de cuello uterino se produce en las células del cuello uterino, que es la parte inferior del útero conectada a la vagina. Comienza cuando las células sanas del cuello uterino desarrollan cambios (mutaciones) en su ADN. En ese ADN se encuentran las instrucciones que le dicen a una célula qué hacer. En este caso, las mutaciones les dicen a las células que crezcan y se multipliquen fuera de control; entonces se acumulan formando una masa o tumor que –en estadios muy avanzados- pueden diseminarse a otras partes del cuerpo, lo que se conoce como metástasis.

En etapas tempranas, el cáncer de cuello uterino, generalmente, no produce signos ni síntomas. Por eso se recomienda realizar controles ginecológicos a partir de los 21 años o desde los 3 años posteriores al inicio de las relaciones sexuales: Una prueba de Papanicolaou puede detectar células anormales en el cuello uterino, incluidas células cancerosas y células que muestran cambios que aumentan el riesgo de cáncer cervical. Será el médico o médica quien evaluará si se han dado situaciones de riesgo especiales que requieran otro tipo de estudios complementarios.

Para prevenir el riesgo de contraer cáncer de cuello uterino es importante:

  • Que todas las niñas y niños de 11 años reciban la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH). Esta vacuna forma parte del Calendario Nacional del Vacunación y reduce el riesgo de infección por VPH, una de las principales causas de cáncer de cuello.
  • Usar preservativo en todas las relaciones sexuales.
  • No fumar o dejar de hacerlo.

Cuando el cáncer de cuello uterino está en estadios un poco más avanzados, puede presentar alguno de los siguientes síntomas:

  • Sangrado vaginal después de las relaciones sexuales, entre períodos o después de la menopausia.
  • Flujo vaginal acuoso y con sangre, que puede ser abundante y tener un olor fétido.
  • Dolor pélvico o dolor durante las relaciones sexuales.

Según la estadificación de la lesión cancerígena puede realizarse tratamiento quirúrgico, requerir algún otro tratamiento como quimioterapia o radioterapia.


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¿Qué es la Tuberculosis?

Es una enfermedad contagiosa que se transmite por el aire -al toser, escupir o estornudar- y afecta principalmente los pulmones. Un tercio de la población mundial está infectada con el bacilo, pero solo una de cada 10 personas desarrolla la forma activa. Se estima que una persona con la forma activa puede infectar entre 10 y 15 personas al año. Si el sistema inmunológico está sano se mantiene en estado latente: es decir que no presenta síntomas ni puede transmitirse, pero la enfermedad se desarrolla fácilmente en un sistema inmunológico debilitado, como es el caso de las personas con VIH.

¿Cuáles son sus síntomas?

Los síntomas de la tuberculosis pulmonar son: tos persistente, fiebre, sudoración nocturna y pérdida de peso. La infección también puede afectar a otras partes del cuerpo, como los nódulos linfáticos, la espina dorsal o los huesos. En estos casos se trata de tuberculosis extrapulmonar, una enfermedad más frecuente en pacientes VIH-positivos y en niños.

¿Cuál es el tratamiento?

El tratamiento es la administración de una combinación de medicamentos y dura al menos seis meses. Se habla de tuberculosis resistente cuando presenta resistencias a uno o más medicamentos de primera línea.

¿Cuál es la situación actual?

A pesar de tratarse de una enfermedad prevenible y curable, la tuberculosis se encuentra entre las 10 principales causas de muerte en el mundo. Además, es la primera causa de muerte en personas con VIH. Se estima que un millón y medio de personas mueren al año por esta enfermedad.

La Organización Mundial de Salud (OMS), mediante la estrategia “Fin de la Tuberculosis”, ha propuesto la meta de reducir la mortalidad mundial por esta enfermedad en un 95% entre los años 2015 y 2035. El objetivo es eliminar la enfermedad para el 2050.

¿Qué pasa con la tuberculosis en la Argentina?

Si bien la tuberculosis sigue ocasionando muertes en la población argentina en todas las edades, la mayoría de ellas se registran por debajo de la esperanza de vida y se consideran muertes prematuras. Las estadísticas de nuestro país muestran una tasa de 26,23 personas enfermas por cada 100.000 habitantes. El 18% de los casos notificados fueron en menores de 20 años, lo que demuestra que la tuberculosis se lleva muchas vidas de niños y adolescentes. Por otra parte, el 30% de las muertes de personas de entre 25 y 39 años con tuberculosis estuvo asociado al VIH.

El riesgo de morir por tuberculosis se relaciona con:

  • Localización: La mortalidad es mayor en tuberculosis pulmonar, aunque la tuberculosis extrapulmonar alcanza cifras elevadas entre las personas fallecidas por trastornos inmunosupresores, en especial el Sida
  • Extensión de las lesiones y afectaciones extensas de un órgano
  • Infección por VIH
  • Demora en el diagnóstico
  • Edad avanzada
  • Desnutrición

Todos estos son factores que aumentan la mortalidad en los casos de tuberculosis.

 

Fuentes:

  • OMS
  • Ministerio de Salud de la Nación

 


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El glaucoma es un grupo de afecciones oculares que dañan el nervio óptico, lo que complica la visión. Se trata de una de las principales causas de ceguera en personas mayores de 60 años (aunque puede producirse a cualquier edad).

Uno de las causas más comunes es la presión ocular alta, por eso es importante realizarse controles oftalmológicos periódicamente. De esta manera, podría detectarse en etapas tempranas y retrasar o prevenir la pérdida de la visión. También se sabe que el glaucoma puede ser hereditario.

 

Los síntomas del glaucoma son muy sutiles y no suelen advertirse hasta que está muy avanzado. Es importante consultar a un profesional en los siguientes casos:

 

  • Si aparecen puntos ciegos en su cambio visual
  • Si padece dolor de cabeza intenso
  • Si padece dolor ocular
  • Si tiene náuseas y/o vómitos
  • Si tiene visión borrosa
  • Si se le enrojecen los ojos

Existen varios tipos de glaucoma:

El Glaucoma de ángulo abierto es el más común y representa aproximadamente el 90% de los casos de glaucoma. Es una obstrucción lenta de los canales de drenaje del ojo que produce el aumento de la presión ocular. Se llama de “ángulo abierto” porque el ángulo en el que el iris coincide con la córnea es amplio y abierto, tal como debería ser. Este tipo de glaucoma se desarrolla tan lentamente que sus síntomas suelen aparecer en etapas muy avanzadas.

El glaucoma de ángulo cerrado ocurre cuando el iris bloquea el ángulo de drenaje del ojo. Puede darse de manera gradual o repentina (ataque agudo). Al quedar completamente bloqueado, aumenta la presión del ojo.

En el glaucoma de tensión normal, el nervio óptico se daña a pesar de que la presión del ojo se encuentra dentro del rango normal. Nadie conoce la causa exacta; puede ser debido a un nervio óptico sensible o a que llegue menos sangre al nervio óptico. Una afección que impida la correcta irrigación sanguínea podría ser la causa.

En el glaucoma pigmentario, los gránulos de pigmento del iris se acumulan en los canales de drenaje, ralentizando o bloqueando el líquido que sale del ojo. Algunas actividades de impacto, como correr, podrían remover esos gránulos, que al depositarse en la malla tubercular producirían un aumento de la presión ocular.

Factores de riesgo

  • Tener presión intraocular alta
  • Tener más de 60 años
  • Tener antecedentes familiares de glaucoma
  • Ser diabético, tener alguna enfermedad cardiaca o padecer hipertensión arterial
  • Tener córneas delgadas en el centro
  • Tener miopía o hipermetropía extremas
  • Haber tenido una lesión en el ojo o ciertos tipos de cirugía ocular
  • Tomar corticoesteroides, especialmente gotas oftálmicas, durante un largo tiempo

Realizar controles oftalmológicos periódicamente es la mejor forma de detectar el glaucoma en una etapa temprana y prevenir o retrasar la pérdida de visión. La visión perdida no se recupera y, si no se trata, el glaucoma puede ocasionar ceguera en el largo plazo.

Fuente: American Academy of Ophthalmology


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Hace 150 años, el 27 de enero de 1871, se conocieron los primeros casos de fiebre amarilla en Buenos Aires. Esta epidemia causó la muerte de 13.614 personas (de acuerdo con datos registrados por la Asociación Médica Bonaerense) y diezmó la población de una ciudad pujante que, en aquel entonces, tenía apenas 187 mil habitantes.  En la actualidad, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) calcula que se producen 200 mil casos anuales de fiebre amarilla y unas 30 mil personas mueren por esta enfermedad evitable.

¿Qué es la fiebre amarilla?

Es una enfermedad producida por un virus, que se transmite por la picadura de un mosquito infectado. No todos los mosquitos contagian la fiebre amarilla, solo lo hacen aquellos que previamente han picado a un individuo enfermo.

Existen dos ciclos de transmisión de la fiebre amarilla: el selvático y el urbano.

  • El ciclo selvático incluye a los mosquitos y a los monos, que se enferman y mueren rápidamente pero no transmiten la enfermedad. Ver monos muertos o enfermos indica que podría estar circulando el virus; por eso se debe informar inmediatamente a un Centro de Salud.
  • El ciclo urbano involucra al mosquito Aedes aegypti que vive en las casas – es el mismo que causa dengue-, y a los seres humanos.

El contagio de la enfermedad solo se produce por la picadura de mosquitos infectados y no de persona a persona. Los adultos mayores y los niños son quienes tienen mayor riesgo de presentar una enfermedad grave.

¿Cuáles son las zonas de riesgo para la fiebre amarilla?

Las zonas de riesgo de la Argentina son aquellas provincias que limitan con Brasil, Bolivia y Paraguay, especialmente Misiones y Formosa. Las provincias de Chaco, Corrientes, Jujuy y Salta son consideradas de riesgo medio.

El mayor riesgo de adquirir la infección es al realizar actividades en zonas selváticas y no haber recibido la vacuna.

¿Cuándo sospechar fiebre amarilla?

Si no está vacunado contra la fiebre amarilla, viajó o vive en una zona de riesgo y tiene síntomas como fiebre alta, dolores musculares, dolor de cabeza; su piel está amarilla, tiene escalofríos o náuseas, debe consultar al Centro de Salud. Es difícil confirmar la fiebre amarilla por un examen clínico debido a que sus síntomas son bastante inespecíficos y similares a los de una gripe común.  Se considera Caso Confirmado a todo paciente sospechoso que tenga un diagnóstico confirmatorio de fiebre amarilla por laboratorio.

¿Cuál es el tratamiento de la fiebre amarilla?

No existe tratamiento antiviral específico para la fiebre amarilla y sólo se realizan medidas de sostén. Si se puede manejar de manera ambulatoria, se indica reposo y paracetamol cuando el paciente tiene dolor o fiebre (otros antiinflamatorios como diclofenac, ibuprofeno, naproxeno y aspirina están contraindicados). Además, se brindan pautas de alarma para consulta inmediata, se solicita protección contra la picadura de mosquitos para evitar la transmisión del virus y se requiere una evaluación diaria por parte del equipo de salud.

¿Qué puedo hacer para prevenir la fiebre amarilla?

Lo más importante, para las personas que viven o viajan a zonas de riesgo, es aplicarse la vacuna con al menos 10 días de anticipación al comienzo del viaje. Es una vacuna segura y efectiva, que pueden recibir todas las personas a partir del año de vida. En el caso de los adultos mayores de 60 años se debe evaluar su aplicación de acuerdo con la exposición al virus y el riesgo clínico del paciente.

Una sola dosis de la vacuna contra la fiebre amarilla otorga inmunidad y protección de por vida, sin necesidad de dosis de refuerzo.

Además, al igual que para prevenir el dengue, es recomendable usar repelente y renovar su aplicación según indicación del producto, especialmente luego de haber estado en contacto con el agua o tras sudar en exceso.

Por último, es fundamental impedir la reproducción de los mosquitos y para eso es necesario vaciar o dar vuelta los tachos y/o baldes y renovar periódicamente el agua de las mascotas y floreros.

 

 


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Llevar hábitos saludables es fundamental para prevenir enfermedades no transmisibles; es decir, aquellas que en gran medida se relacionan con la alimentación o el sedentarismo, como la Diabetes tipo II o las enfermedades cardiovasculares. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud no es solo la ausencia de enfermedad, sino que implica un bienestar físico, mental y social. Para alcanzar ese bienestar y mejorar nuestra calidad de vida es necesario adoptar conductas que nos beneficien.

Los hábitos no se modifican de un día al otro. Por eso es recomendable dar pequeños pasos y hacer cambios paulatinos: De esta forma, hay más posibilidades de sostenerlos en el tiempo. A continuación, compartimos algunos consejos para comenzar un cambio de vida:

  1. Tomar más agua: Lo ideal es beber 2 litros de agua cada día. Para facilitar la ingesta de líquido, un tip es poner alarmas en el teléfono a modo de recordatorio o tomar 8 vasos de agua distribuidos en distintos momentos (dos vasos por la mañana, dos al mediodía, otros dos por la tarde y dos por la noche).
  2. Llevar una alimentación balanceada: Una alimentación equilibrada debe incluir verduras, frutas, cereales, legumbres y proteínas. En este punto, la planificación es clave. ¿Sugerencias? Primero, es recomendable consultar con un nutricionista. Pero, para empezar, es bueno organizar un menú semanal, hacer una lista de compras y tratar de comer comida casera. Cocinar puede ser un plan entretenido y ayuda a evitar o disminuir el consumo de azúcares y alimentos ultraprocesados. También es recomendable moderar el consumo de alcohol.
  3. Sumar movimiento: Hacer actividad física 30 minutos al día es bueno para el cuerpo y la mente. Las personas que no están acostumbradas o que realizan tareas sedentarias, pueden aprovechar las distintas aplicaciones y gadgets que ayudan a controlar los movimientos. Para no abandonar es preciso encontrar una actividad que entusiasme; puede ser caminar, andar en bici, nadar, etc. Lo importante es lograr constancia y, si se desea, proponerse pequeños objetivos para ser consciente del progreso. Siempre consultar a un médico para que realice un apto físico e indique la mejor actividad de acuerdo con su estado.
  4. Tratar de decirle adiós al cigarrillo: Los beneficios de dejar de fumar son innumerables.
  5. Descansar de manera adecuada: Lo ideal de dormir de 6 a 8 horas diarias. Tratar de regular y mantener un buen ritmo de sueño es necesario para un mejor rendimiento en todas las actividades y para recuperarse tras realizar ejercicio.
  6. Hacer alguna actividad placentera: Esto queda a gusto y criterio de cada persona. Puede ser meditar, pintar, cantar o bailar. Cualquier cosa que permita relajar y desconectar o despejarse.

El cambio de hábitos es un proceso y lleva su adaptación: Habrá días mejores que otros. Por eso, hay que ser flexibles y aceptar que a veces se puede fallar. En esos casos, evitar sentir culpa, no abandonar, ser paciente y retomar los buenos hábitos son pasos necesarios para tener éxito en este nuevo camino.


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¿Por qué es necesario vacunarse contra el coronavirus?

En la situación epidemiológica actual es de vital importancia instalar el concepto de las vacunas como un derecho que hay que ejercer y al Estado como responsable de proveer y asegurar el acceso a este insumo clave para toda la población.  Por otra parte, las vacunas también son una responsabilidad de todos los ciudadanos: Al vacunarnos nos protegemos a nosotros mismos y a quienes no están vacunados, lo que se conoce como “efecto rebaño”.

Si todos los individuos que tienen indicación se vacunan en tiempo y forma, desde el punto de vista de la salud pública, se interrumpe la circulación de los gérmenes, se beneficia la sociedad y se protege a quienes no pueden vacunarse, como niños, embarazadas, inmunocomprometidos, etc.

¿Es obligatorio aplicarse la vacuna contra Covid-19?

La vacuna que protege contra el Covid-19 no es obligatoria, pero es importante en este momento construir y fomentar la aceptación y confianza en la vacunación como una estrategia de salud pública solidaria, equitativa y beneficiosa para el bienestar y la salud de las personas y de la población.

El objetivo de la Campaña Nacional de Vacunación contra Covid-19 es vacunar a la población objetivo en el menor tiempo posible, manteniendo las medidas de cuidado. Por el momento, es prioritario que reciban la vacuna:

  • Personal de salud (escalonamiento en función de la estrategia de riesgo de la actividad)
  • Adultos mayores de 70 años y quienes vivan en hogares o geriátricos
  • Adultos de 60 a 69 años
  • Fuerzas armadas, de seguridad y personal de servicio penitenciario
  • Adultos de 18 a 59 años pertenecientes a grupo de riesgo
  • Personal docente y no docente
  • Otras poblaciones estratégicas definidas por las jurisdicciones y la disponibilidad de dosis

¿Por qué hay que seguir manteniendo cuidados incluso después de vacunarse?

Hasta tanto se determine la eficacia definitiva de la vacuna, las medidas de prevención deben sostenerse. La vacunación se realizará en etapas, por lo que la disminución de la circulación viral no será inmediata. Mientras persistan personas susceptibles puede seguir existiendo personas enfermas que contagien, por eso los cuidados como uso de tapabocas, distancia social y lavado frecuente de manos, seguirán siendo medidas de cumplimiento necesario para evitar o disminuir la propagación del virus.

¿Es normal que una vacuna produzca efectos adversos? ¿Cuáles podrían ser?

Los eventos adversos son esperables ante la aplicación de cualquier vacuna. Respecto de las vacunas en estudio contra el COVID 19, estos efectos son, principalmente, leves o moderados y pueden desarrollarse en el transcurso del primer o segundo día después de la vacunación.

Los efectos adversos más frecuentes son dolor en el lugar de la inyección y/o hinchazón; fiebre, malestar general, dolor de cabeza y mialgia, entre otros.

¿Qué significa que una vacuna sea aprobada por ANMAT?

En la Argentina, la Administración Nacional de Medicamentos y Tecnología Médica (ANMAT) debe autorizar una nueva vacuna de acuerdo a normas nacionales. Usualmente, se siguen los lineamientos generales de aprobación de un medicamento que implican, por un lado, la evaluación de la información para el registro del producto (resultados de ensayos preclínicos y clínicos, pruebas de estabilidad, esterilidad, etcétera) y, por el otro, una inspección al establecimiento productor, distribuidor o importador para habilitarlo y verificar las condiciones de producción y control de calidad.

Para el caso de emergencias o cuando las condiciones sanitarias hagan necesaria la disponibilidad de vacunas en desarrollo o de reducida disponibilidad de datos de seguridad y eficacia, las mismas podrán ser autorizadas conforme al procedimiento específico establecido por esta ANMAT, a fin de evaluar las condiciones de riesgo/beneficio para la disponibilidad de esa vacuna en el marco de la estrategia que fije nuestro país.

FUENTES:

  • Ministerio de Salud de la Nación
  • Sociedad Argentina de Infectología (SADI)
  • Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT)

 


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No hay dudas de que las fiestas de este fin de año tendrán un componente especial debido a la pandemia que nos ha mantenido lejos de nuestros seres queridos durante gran parte de este 2020. Sin embargo, es necesario continuar cuidándonos y cuidando a quienes nos rodean para evitar el contagio de Covid y prevenir también lesiones o quemaduras muy comunes en esta época del año.

La mejor forma de tener unas fiestas seguras en familia o con amigos es cumplir con los siguientes protocolos que minimizan los riesgos de contagio:

  • Evitar reuniones sociales con más de 10 personas. Es recomendable que esas personas sean convivientes.
  • Realizar los encuentros al aire libre o en espacios con ventilación permanente.
  • Usar barbijo o tapabocas en todo momento y quitárselo solo para consumir.
  • Mantener la mayor distancia social posible, no darse besos, abrazos ni estrecharse las manos.
  • Higienizarse frecuentemente las manos, especialmente antes de manipular la comida y luego de ir al baño.
  • No compartir vasos, cubiertos ni vajillas.
  • No asistir si presenta síntomas o si estuvo en contacto estrecho con caso positivo de COVID en los últimos 14 días.
  • Evitar bailar, cantar o gritar en espacios cerrados. Tratar de mantener la música en un volumen bajo para no hablar fuerte ni gritar.
  • Toser o estornudar en un pañuelo descartable o en el pliegue interno del codo. Recordamos que el virus del COVID se propaga por las gotículas que se expulsan al hablar, toser o estornudar.

En las fiestas son muy comunes las quemaduras y lesiones oculares producidas por mal uso de la pirotecnia y corchos. Es fundamental que solo se adquiera pirotecnia aprobada por la Agencia Nacional de Materiales Controlados (ANMaC), ente que regula y fiscaliza todo lo relacionado con explosivos y otros materiales controlados. Para hacer un buen uso de la pirotecnia, se requiere encenderla siempre en lugares abiertos y al aire libre. Jamás sostener la pirotecnia en la mano ni detonarla en un frasco, botella u otro recipiente. Mantener distancia del producto una vez encendido y proteger los oídos, especialmente los de los niños. En caso de que el producto no explote, apagarlo con agua (nunca tocar la mecha). Vale aclarar que los niños no deberían manipular pirotecnia o hacerlo siempre bajo la supervisión de un adulto.

Un gran porcentaje de lesiones oculares ocurren por los corchos de bebidas espumantes.  Para evitar esto, se recomienda maniobrar el corcho con un repasador y abrir la botella suavemente.  Si permite que el corcho “salga volando”, puede impactar y lesionar a cualquier persona desprevenida.

Por último, moderar el consumo de alcohol permite mantener control sobre las acciones. Las personas que beben en exceso son más propensas a minimizar los cuidados para prevenir el contagio de COVID, tener actitudes más violentas o generar accidentes de tránsito, entre otras situaciones evitables. Si bebe, no conduzca.


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Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 422 millones de personas en el mundo tienen diabetes. Se calcula que, solo en América, son 62 millones de personas las que tienen diabetes*, pero más de la mitad no controla su enfermedad y entre un 30 y un 40% de personas aún no han sido diagnosticadas. Lo más alarmante es que, de acuerdo con estimaciones del Atlas de la Diabetes, para el año 2040 habrá 109 millones de personas con esta enfermedad en el continente.

La diabetes es una enfermedad crónica que, cuando está mal controlada, genera distintas complicaciones como ceguera, insuficiencia renal, úlceras y/o amputación de miembros,  enfermedad cardiovascular y mortalidad temprana. Además, en el actual contexto por la pandemia, las personas con diabetes son consideradas de riesgo porque pueden cursar cuadros más graves de COVID-19.

Se dice que una persona padece diabetes cuando el páncreas produce insulina insuficiente o cuando el organismo no la procesa bien. Este proceso ineficiente puede generar un elevado nivel de azúcar en sangre llamado hiperglucemia. Existen distintos tipos de diabetes:

  • La diabetes tipo 1 aparece generalmente en edades tempranas y se da cuando hay ausencia de síntesis de insulina.
  • La diabetes tipo 2 se origina cuando, como se menciona más arriba, el organismo no utiliza bien la insulina. Suele darse en la edad adulta.
  • La diabetes gestacional se desarrolla en mujeres embarazadas que padecen un aumento en el nivel de azúcar en sangre.

Llevar una alimentación saludable, que incluya frutas y verduras y evite las grasas saturadas, los azúcares refinados y los ultraprocesados; realizar actividad física regularmente; mantener un peso normal y evitar el cigarrillo contribuyen a la prevención de la diabetes tipo 2.

En el caso de las personas que ya han sido diagnosticadas, para evitar el avance de la enfermedad y sus complicaciones, será necesario:

  • Llevar un estilo de vida saludable
  • Realizar controles periódicos con un especialista
  • Controlar la glucemia
  • Tomar la medicación indicada por el profesional
  • Controlar la presión arterial
  • Controlar el colesterol
  • Cuidar los pies manteniendo una buena higiene, utilizando calzado adecuado y revisando periódicamente que no se formen lesiones.
*Dato del año 2014
Fuente: Organización Mundial de la Salud

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La pandemia de COVID-19 trastocó la vida cotidiana de toda la población y entre las actividades más afectadas estuvo la educación. Al interrumpirse las clases presenciales, tanto docentes como alumnos, padres y directivos debieron adaptarse rápidamente a las nuevas modalidades.

Como parte del regreso a la llamada nueva normalidad y para darle un cierre al año lectivo, las autoridades sanitarias establecieron un protocolo para que las instituciones educativas puedan realizar actividades escolares de revinculación, orientación e intercambio de manera presencial.

A tono con esta situación, Acudir Emergencias Médicas sumó un nuevo servicio: Además de los servicios de Área Protegida, Apto Médico y Cursos de RCP para entidades educativas, la empresa también brinda el servicio de Video Consulta Médica y asesoramiento para la implementación del Protocolo Sanitario COVID-19. Este protocolo tiene como objetivo resaltar y reforzar las medidas de prevención que cada establecimiento educativo debe reglar con el fin de mitigar –a través de medidas generales y específicas- el riesgo de contagio de COVID-19 en la población involucrada e indicar a las personas que desarrollan actividades en el establecimiento cómo proceder ante la detección de un caso sospechoso durante el desarrollo de las actividades escolares.

Como parte de este flamante servicio, el pasado martes 27 de octubre, el Dr. Agustín Apesteguía, Gerente Médico de Acudir Emergencias Médicas, dio una charla orientativa para personal docente y no docente donde reforzó algunos conceptos acerca de los métodos de prevención de coronavirus, explicó cómo deben adaptarse las instituciones para minimizar los focos de contagio y de qué manera deben actuar si se presenta un caso sospechoso de COVID 19, entre otros temas. El primer encuentro virtual contó con la participación de más de 80 personas de la comunidad educativa que buscan construir un ambiente seguro desde la información científica y precisa, pero también desde la comunicación empática, construyendo en conjunto los nuevos modos de convivencia y de estar en la escuela.

 

 

 

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Cada año, solo en la Argentina, más de 100.000 personas sufren un Accidente Cerebro Vascular (ACV). Alrededor de un 30% fallece y muchas quedan con secuelas irreversibles. Los números indican que 1 de cada 4 personas podría padecer un ACV y que 1 de cada 3 ataques cerebrales está relacionado con patologías cardiacas.

¿Qué es el ACV?

El ACV, también llamado Stroke, se produce porque la sangre deja de fluir a parte del cerebro. Esto puede ocurrir si un vaso sanguíneo del cerebro se obstruye o se rompe. En pocos minutos, las neuronas que dejan de recibir oxígeno mueren, lo que –en muchos casos- deja limitaciones o secuelas físicas, cognitivas y/o conductuales en quienes lo padecen.  El ACV o Stroke es una patología altamente discapacitante, donde el tiempo es determinante; por eso es primordial reconocer sus síntomas y actuar con rapidez para minimizar daños y secuelas.

¿Cómo reconocer un ACV?

Para reconocer un ACV hay que observar tres cosas:

  • La cara: Pídale que sonría y observe si tiene un lado de la cara caído o entumecido.
  • Los brazos: Pídale que levante ambos brazos. ¿Le cuesta coordinar el movimiento? ¿Presenta debilidad o entumecimiento en uno o ambos brazos?
  • El habla: ¿Le cuesta repetir una frase? ¿Arrastra las palabras?

Si la persona presenta alguno de estos síntomas, llame inmediatamente al sistema de salud. Recuerde que el reconocimiento temprano de los signos y síntomas de un Stroke, sumado a una rápida atención médica, podrían reducir los riesgos de discapacidad.

¿Se puede prevenir?

La mayoría de los ACV son prevenibles. Para eso es muy importante:

  • Controlar la presión arterial
  • No fumar o dejar de hacerlo
  • Controlar el colesterol
  • Llevar una alimentación saludable, baja en sodio y grasas
  • Hacer actividad física moderada regularmente
  • Si es diabético, es fundamental realizar los controles y seguir las indicaciones de tu médico.

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